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La historia de Poncio Pilatos (de la pagina de Angel Tarnowsky... CAPO!)

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La historia de Poncio Pilatos (de la pagina de Angel Tarnowsky... CAPO!)

Mensaje por Samuel el Miér 24 Jun 2009, 23:00

Quizá alguno la conozca, pero - en favor de aquellos que no la recuerdan- déjeme recordarla brevemente.






Hace unos dos mil años, Palestina, la tierra de los judíos, había sido ocupada por los ejércitos de la Roma Imperial, y Poncio Pilato fue designado para gobernar ese lugar, justo en la época en que vivió Jesús de Nazaret.

Sin querer, se vio envuelto en una trifulca religiosa de los judíos; aquella que sellaría con la cruz el destino del Hijo de Dios.

Jesucristo fue crucificado durante el gobierno de Poncio Pilato, aunque en realidad éste nunca quiso matarlo, pues no hallaba ningún delito en él. No había razón legal para darle muerte. Varias veces repitió Poncio Pilato la misma frase al pueblo allí reunido: "No hallo delito en él". No lo quería crucifi­car, y enfatizaba mucho que Jesús no merecía una condena de muer­te.









Pero la presión de los religiosos judíos exigía que Pilato diese la orden; no soporta­ban más las obras y las palabras de Jesús. Así que Pilato decidió hacer aquello que le dio tanta fama. A pesar de haber insistido mucho en no darle muerte, vio que no lograba convencerlos, y exclamó: "-Yo no estoy de acuerdo con esta crucifixión; para mí este hombre no la merece. Pero ya que son ustedes quienes lo quieren ver muerto, yo me desligo de este asunto. Sean ustedes, los que le acusan, quie­nes carguen con la culpa de esta muer­te. Yo me lavo las manos".



====================



Hasta aquí un breve recordatorio de lo que sucedió en Palestina.Pero... ¿por qué ocuparnos de ese hombre?

Muchas personas aborrecen esa actitud de "lavarse las manos" y para otros la sola mención de ese nombre: "Poncio Pilato" es como hablar de algo desagradable. Sin embargo, no se ofen­da, pero nos ocupamos de este personaje, porque ¡...mu­chos de nosotros somos iguales a Poncio Pilato!

Poncio Pilato era una persona segura­mente inteligente y capaz, para llegar al cargo en que estaba. Posible­mente se ocupaba de sus obligaciones con respon­sabilidad y suponemos que gobernar a una nación lo mantenía bastante ocupa­do. No tendría mucho tiempo para otras cosas.

Procuraba ser buen político, cuidaba de los intere­ses de César, mantenía en relativo orden al pueblo bajo su gobierno, y al lograr hacer bien todo eso, era de esperar que pudiese conservar la cabeza, obtener un buen pasar y asegu­rarse un buen futuro.En un momento dado, hablando con Jesús, exclamó: "-¿Qué es la verdad?". Así que de vez en cuando también pensa­ba en las cosas más pro­fundas de la vida.



Era religioso "a su manera"; para él todas las reli­gio­nes podrían ser váli­das. Aparente­mente le indignaban cier­tas injusticias y trataba de ser justo (lo demostró vez tras vez al defender a Jesús) cuando le tocaba actuar de juez.




















Aunque alguna debilidad moral posiblemente tendría, porque, en defi­nitiva, a pesar de que no quería la injus­ticia contra Jesús, si se le sublevaba Pales­tina, César lo crucifi­ca­ría a él. Entre su propio pellejo y el de Jesús, se quedó con el suyo.

Cuando le dije que somos iguales ­a Poncio Pilato, ¿me equivo­qué mucho? Mire... Nosotros también somos gente dedicada, respon­sa­ble, ocupada cien por cien. Por un lado, no tenemos tiempo para la religión, y por el otro, somos "am­plios" en aceptar y respetar cual­quier idea. ¿Y acaso no somos gente que trata de ser lo más justa posible? Bueno, a veces sí y a veces no..


Pero agreguemos una cosa. Poncio Pilato no era indiferente a todas las cosas de la vida. No, no era indiferen­te a la voluntad del César, no era indife­rente a las cuestiones de gobier­no; ni era indiferente a lo que tenía que ver con su carrera y el bienestar terrenal de su familia. En su relación con los hombres Pilato se manejaba bien, pero en su relación con Dios era nulo.

Era indiferente a Dios, solamente eso, nada más.

Y lo que tratamos aquí es justa­mente eso. Pon­cio Pilato era de los indife­rentes; Jesús no era nada en su vida; ni lo amaba ni lo odiaba.

Bajo aquellas circunstancias hace dos mil años había tres tipos de perso­nas: Los que aborrecían a Jesús, los que lo querían y los indiferentes.


¿Se atreve a un breve análisis para saber de cuál grupo seríamos, de haber estado allí en aquellos días?

Veamos, ...

No somos de los que aborre­cen a Jesús. Odiar? Creemos que no lo odia­mos. Al fin y al cabo, nues­tro camino pasa tan lejos de Él que ni sabemos cómo es.

Tampoco somos seguidores de él. No podemos decir que seamos de los que Lo aman grandemente... Simpati­za­mos con algunas cosas que se dicen de El; con la reunión familiar para Navi­dad y con el feriado largo de Pascua, pero mucho más que eso quizá no.

Es un poco molesto tener que admitirlo, pero, considerando sólo a los tres grupos, parece que estaríamos con los indiferentes. Para noso­tros, "Je­sús en su casa y yo en la mía".

¿Vio que -en lo que con­cierne a Jesús y a sus palabras- muchos de nosotros somos idénti­cos al Poncio Pilato que se lavó las manos?



¡Cuánto parecido el nuestro con el de Poncio Pilato! ¡Qué raro que con tanto parecido IGUAL NO NOS CAIGA SIMPÁ­TICO! Paremos un poco. ¿Acaso está mal no ocuparse de Dios? ¿Y si a uno no le interesa la teología, qué hace? ¿No es suficiente con ser una buena persona?

Saquémonos una duda:



¿En qué le perjudicó a Poncio Pilato el ser indiferente a Dios? ¿Qué perdió por ser indiferente? ¿Será que realmente perdió algo? ¿Algo importante?



Cuando los soldados trajeron a Jesús frente a él, el Hijo de Dios le dijo: "Yo he nacido para dar testimonio a la ver­dad". Lo que significa que uno de los motivos por los cua­les Jesús existe es para declarar cual, entre tantos argu­men­tos, es LA VERDAD.




¡Qué interesante! Pilato estaba frente a una decisión importante. Y estaba al lado de quien tiene todas las respues­tas. Podría haber preguntado, pero solamente exclamó: "¿Qué es la ver­dad?", y se fue. Había visto durante su carrera tantas cosas torcidas, hipócritas, y con el doble sentido que le dan los hombres a las cosas para obtener beneficios propios, que descreía totalmente que la verdad pudiera ser real.

Esta actitud se ve mucho en nuestros días también. Pero lo malo no era su descreimiento, sino que dejó de creer que la verdad realmente existía y podía ser hallada. El ya no creía que la verdad debía hallarse en alguna parte; su corazón se cubrió con una coraza protectora, y se volvió indiferente a esos temas. Y luego, su indiferencia hacia las cosas de Dios LE IMPIDIÓ CONOCER LA VERDAD. Para Usted, ¿es grave esto?, ¿o ya también se ha autoprotegido con indiferencia?



¡Cuántas veces nos sucede como a Pilato, la verdad llega hasta nues­tros oídos, pero NUESTRA INDIFERENCIA (¡la cual existe en nosotros vaya uno a saber por qué!) no nos permite aprovecharla.



Sin embargo, imaginemos que Pilato se hubiese humillado momentáneamente ante Jesús y le hubiese preguntado: Jesús, ¿cuál es esa verdad de la cual viniste a dar testimonio?¿Qué le habría respondido Jesús?




¿Qué es esa verdad?



Que Dios ama al hombre; que lo creó a Su imagen y semejanza, y que anhela muchísimo estar en comu­nión con él, sea romano o judío.




Que Dios no está tan lejos en el cielo; que no debe ser "yo en mi casa y vos en la tuya"; que NO DEBEMOS SER INDIFEREN­TES A LA VIDA DE DIOS, porque la idea de Dios es "Vos en MI vida y yo en la tuya".



Que Dios en Su amor ha preparado una manera para que nosotros pudiéramos llegar a la verdadera, viva y real amistad con Dios. Y que nos es preciso aceptar esa manera que Él ha preparado, debi­do a cier­tas leyes existentes, …




Nece­sitamos a un GUÍA que conozca el camino hacia Dios y necesitamos moneda celestial para poder PAGAR EL PRECIO de nuestra entra­da al lugar donde Dios está.






Las últimas palabras de Cristo a Poncio Pilato serían: YO SOY aquél que conozco el camino; YO SOY quien paga el precio para que tú puedas entrar al lugar donde Dios está.Yo he sido ungido por Dios, quien es mi Padre, para hacer esta obra por voso­tros, para haceros aptos, y así daros -a vosotros y a mi Padre-, la posibili­dad de amarse y abrazarse para siempre.




Poncio Pilato,... no se lave las manos. No conviene ser indife­rentes.



Si nos desen­tendemos,... ¡perderemos el des­tino que Cristo YA CONS­IGUIÓ para noso­tros!

¡Un lugar con el Padre!

Samuel
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